Justo cuando yo acababa de saber en lo que creía, él expiraba.
"Los porqués de un escriba filósofo" es un libro muy notable por ser único, sin género.
Y lo primero que hay que notar es que no haya más libros como éste, en que alguien, con conocimiento pero sin pretensiones, explique en todo aquello en lo que cree, y porqué.
Claro, que para hacerlo se ha de llegar a tener el conocimiento que alcanzó Gardner con 68 años, que es cuando lo escribió, cuando creía que estaba al final de su vida, en 1983, y yo apenas había comenzado la mía. Cuando él muere yo aprendo lo que él sabía.
Gardner alcanzó la fama como divulgador científico, con los juegos matemáticos del scientific american, y tenía un solidísimo conocimiento científico. Pero por lo que demuestra en su libro también sabía mucho de literatura (fue el comentarista de una edición de Alicia en el país de las maravillas, por ejemplo) y había leído mucho de filosofía, ética, y religión.
Con todos estos conocimientos Gardner puede hacer un libro que se mueve en tres niveles, tres niveles que creo son esenciales los tres, y que muy pocos pueden unirlos.
- Por un lado la ciencia, lo que es el conocimiento científico y lo que el hombre sabe. En su caso era la física, en el mío la economía.
- Pero la ciencia sin filosofía, incluyendo como parte fundamental la teología, se queda muy perdida, hace falta una reflexión sobre el ser para poder hacer algo, para saber.
- Y la mejor reflexión es la que da la literatura, la manera de transmitir las experiencias de los que nos precedieron, especialmente la poesía, donde todo se condensa, las experiencias, los sentimientos.
Lo más divertido de todo es que no estoy de acuerdo en casi nada de lo que dice, y no creo casi nada de lo que él cree, sin embargo, su libro, es la mejor guía para pensarlo que jamás me he encontrado, pues es casi completa y muy bien argumentada.
El libro está dividido en 21 capítulos, cada uno de ellos se puede leer por separado, aquí voy a poner mis conclusiones y la oposición con lo que él ha dicho:
- Yo si soy solipsista
- Yo si soy un poco pragmatista, el concepto de verdad me es más complejo
- No soy paranormalista y creo en la ciencia
- Soy un relativista estético
- Soy un relativista ético
- Creo en el libre albedrío, soy indeterminista
- Soy un poco anarquista
- Yo tampoco soy smithiano en el sentido que él lo dice, soy más liberal que eso.
- Yo tampoco soy marxista, pero creo en un concepto de libertad más fuerte
- No soy politeista, pero si puedo entender que Dios se manifieste de muchas maneras
- No soy panteísta
- Yo tampoco creo que se pueda demostrar la existencia de Dios
- Yo también tengo Fe, no soy ateo.
- Sin embargo sí que considero absurda la plegaria, aunque la entiendo
- Existe el mal porque si no no existiría el bien ni la libertad ni nada.
- Ergo sí sabemos porqué el mal
- Yo tampoco me conformo, creo en la inmortalidad (donde espero esté él).
- Y tampoco me extraña la inmortalidad
- Y la considero perfectamente posible, de una manera un tanto indeterminada.
- Admiro la sorpresa, y no doy el mundo por supuesto
- Y tengo Fe y creo en el Futuro, en su precioso canto final.
Me ha costado muchísimo leerlo, pues a cada párrafo me peleaba con él, le criticaba y contra-argumentaba, o, a veces, las pocas que estaba de acuero, me gustaba tanto lo que decía que lo repetía y lo repetía.
Que Descanse en Paz en esa inmortalidad en la que creía, de un modo un tanto difuso.
Gracias Martín Gardner, gracias.
2 comentarios:
Y todavía queda un aspecto de la maestría de Gardner por comentar, que me ha señalado mi amigo Don Puerta (quien me ha recomendado el libro) y es la de veces que Martin reconoce que sobre un tema no tiene respuesta, o lo identifica como misterio, o no sabe porqué lo cree.
A todos nos pasa, y saber cuáles son nuestras creencias, sus porqués, y aquellas sobre las que no tenemos un porqué, es fundamental.
Yo lo considero un libro maravilloso. El tipo de texto al que acudo de vez en cuando. Lamento que sea relativamente desconocido. Pienso que cualquiera puede extraer de él hermosísimas enseñanzas y - como los grandes maestros- aunque no se comparta todo con él.
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